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  • Final MUPE 2

    El secreto de la avícola Girasol

    Por Pamela Rivero J.

     En plena pandemia de Covid-19, Carlos y Wilma decidieron emprender. Él es ingeniero y ella, geógrafa, pero anhelaban iniciar un proyecto distinto de sus quehaceres habituales, que les permitiese una mayor autonomía y poder seguir ligados a Huépil, su pueblo de origen

    Luego de un periodo de análisis y estudio, nació Agroavícola Girasol que instalaron en el sector de Rucamanqui, en la precordillera del Biobío, Chile, a juna par de kilómetros de su localidad de origen. 

    Partieron con una convicción clara: producir huevos bajo un modelo de bienestar animal, distante de la lógica industrial intensiva.

    Optaron por el sistema free-range: gallinas sin jaulas, con espacio para desplazarse, acceso permanente a agua y alimentación libre de proteína animal.

    La diferencia con la producción industrial es estructural. En estos sistemas de alta escala, las aves permanecen en jaulas elevadas, con movilidad mínima y procesos altamente automatizados. En cambio, en este tipo de agroavícolas, el manejo es manual y las condiciones buscan favorecer el comportamiento natural de las aves.

     

    Estudiando, preguntando, leyendo e informándose, fueron construyendo poco a poco todo el hábitat que requerían las “gallinas felices”.

    Entre otras cosas, diseñaron un sistema de  bebederos de niple que implementaron tras investigar en Internet.

    Este dispositivo consiste en una línea de distribución automatizada que permite a las aves acceder al agua de forma autónoma y bajo demanda. Otro punto más a considerar para el bienestar animal.

    De sol a sol

    En apenas cinco años, su proyecto pasó de 500 a 2.500 gallinas, lo cual refleja un crecimiento sostenido y también demuestra el éxito de su emprendimiento.

    Pero detrás de estos resultados, hay muchísimas horas de sacrificio. Como todos los emprendedores en sus inicios, Wilma y Carlos absorbieron, solos, todo el trabajo de la agroavícola. 

    El 80% de las gallinas está en postura activa, lo que asegura una producción constante.

    Cada día obtienen cerca de 2.200 huevos que, uno a uno, son recogidos, limpiados, clasificados según su peso y luego dispuestos en bandejas para su venta.  

    Por la tarde, corresponde la limpieza de los galpones y la alimentación de ls aves. Carlos se encarga de esta tarea, mientra Wilma, prepara los pedidos.

    Desde las 18:00 horas, comienzan los repartos. 

    El emprendimiento es, literalmente, un trabajo de sol a sol. Recién este año incorporaron a una persona de apoyo para la limpieza matinal, pero la mayor parte del proceso sigue en sus manos.

    La escala también implica desafíos logísticos: las gallinas consumen alrededor de 400 sacos de alimento al mes, lo que exige planificación y control permanente.

    Los 550 centímetros cuadrados que miden algunas jaulas industriales equivalen prácticamente al tamaño de una hoja de papel A4 (623 cm2).  Es un espacio donde la gallina apenas puede estirar las alas.

    Actualmente, Chile no cuenta con una ley específica que prohíba estas jaulas, pero hay un debate activo:

    Proyecto de Ley «Chile Libre de Jaulas»: Se discute una iniciativa (Boletín N°13.839-12) que busca eliminar gradualmente el confinamiento en jaulas convencionales y establecer un sistema de etiquetado para que el consumidor sepa si el huevo es de jaula («J») o libre («L»).

    Producción local en tiempos de alerta sanitaria

    La actual contingencia por gripe aviar ha obligado a extremar medidas. Mantener a las aves dentro de las naves es una decisión preventiva que busca proteger tanto la producción como la sanidad del plantel.

    En un mercado donde el precio de los huevos puede fluctuar entre los 4 mil y 7 mil pesos por bandeja, según calibre y contexto, la propuesta de Agroavícola Girasol apuesta por un consumidor que valora el origen, el manejo y la trazabilidad del producto.

    Más que huevos

    Para Carlos y Wilma, este proyecto no es solo una fuente de ingresos complementaria. Es una forma de vida que combina conocimiento técnico, gestión territorial y compromiso con el bienestar animal.

    En su emprendimiento, cada huevo tiene detrás una rutina exigente, decisiones conscientes y un matrimonio que apostó por producir distinto, porque para ellos, las gallinas felices no son un eslogan, son una decisión con la que se comprometen día a día. 

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